gracias por dejarme
escapar de la moral
infatigable, del francés envenenado,
gracias por ser mis ruedas,
mi casa, el viaje y yo volviendo
entre las luces del aire y de la noche.
agradezco salir de ese
mundo del baguette empaquetado y
gris, de risa económica
que yo misma quise
elegir.
pero aquí, con mi primavera de
fénix y mis alas de bicicleta volaremos
a lo más alto
para combinar sin acentos el
método, el color y la
idea loca de vivir en el
cielo y seremos
visibles, quizás, a esos párpados de encierro;
sólo para luego
bajar, bonjour, mercredi, nous
sommes tous contents.


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